Entropía en rojo y blanco

Un artículo de Mitxel Zamakois
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Si la gestión deportiva, la gestión institucional, la gestión social, y la gestión económica fuesen moléculas con energías independientes, el Palacio de Ibaigane estaría presidido por la “entropía”, magnitud de medida que en física y según la segunda ley de la termodinámica afirma que los sistemas aislados tienden al desorden o caos del sistema. Cuanto mayor es la entropía mayor es el desorden y viceversa, teniendo en cuenta, incluso, que un sistema altamente entrópico tiende a desaparecer por el desgaste generado por su proceso sistémico a través del tiempo.

Y si lo extrapolamos a la situación que está viviendo el Athletic, entenderemos, por tanto, la entropía, como la tendencia al desgaste de un modelo de gestión por el funcionamiento del mismo a través del tiempo, ya que no cabe duda que lo deportivo, lo institucional, lo social, y lo económico, en estos momentos, están aislados entre si, y al mismo tiempo, cada una de las áreas están aisladas del medio natural con el que conviven. Estamos de acuerdo, ¿no?

El desorden impregna cada una de las áreas. Deportivamente insuficiente. Incertidumbre institucional. Evidente desconexión con la masa social y la afición. Riesgo inminente de regresar al déficit estructural, salvado momentáneamente por la venta de Laporte, ante la inminente ausencia de ingresos europeos y perpetua ausencia de ingresos comerciales. Si como decíamos, la entropía es el grado de desorden o caos en un sistema, la entropía organizacional es la desorganización o pérdida de las relaciones, interacción o de sinergia en una organización, o de la organización con exterior.

Porque los que es meridianamente claro es que el club de Ibaigane parece haberse quedado atrás en la feroz lucha entre los clubs de fútbol por la penetración y participación porcentual en el mercado para poder revertirlo después como marca consagrada y con proyección internacional, como institución reputada, como organización generadora de activos sociales, por supuesto, como promotora de ilusión de satisfactorios resultados deportivos. No hace falta recorrer ni 100 km a la redonda para poder confirmarlo. Eibar, Real Sociedad y Alavés si gestionan sus clubes desde modelos actuales y orientados hacia la consecución de estos objetivos, que evidentemente, fruto del trabajo, no llegan de la noche a la mañana. Por supuesto. Pero no tengan ninguna duda. La pelota no entra por azar. Entra como consecuencia de la activación de múltiples factores, y ya se están viendo pinceladas de éxito en esos modelos de gestión. Son clubes cuyos parámetros de gestión miran al futuro. Es indudable.

Y qué no decir del los clubes que ocupan puesto en los cuadros altos del ranking presupuestario de La Liga, o si nos apetece viajar, dense un paseo por el resto de ligas europeas, y observarán el panorama. A años luz. Y es que en el siglo XXI, la competitividad de los clubes está determinada, en buena medida, por el liderazgo, por la capacidad tecnológica, por el capital relacional, por la habilidad de promover y generar nuevos modelo de ingresos, por la innovación, por la internacionalización, por el compromiso con el tejido local, por el compromiso con la masa social.

Pero si en estas organizaciones de produce un deterioro de este liderazgo, algo lógico con el paso del tiempo, este deterioro trae como consecuencia un desorden organizacional de funciones y actividades medulares para el club. En otras palabras, no se cumplen los objetivos, metas y se pierde credibilidad ante el mercado y ante la masa social. Es decir, se genera la entropía.

Pero, ¿es la entropía una oportunidad? Evidentemente si. Si el crecimiento de la entropía en las organizaciones se traduce en un caos generalizado que conduce eventualmente al fracaso, el secreto está en aprovechar ese caos para romperlo y rediseñar los procesos e implantar el nuevo paradigma a seguir. Esto implica que la perdida de liderazgo que genera desorden o entropía organizacional, se puede ver como un elemento de evolución ya que obliga a fijar una nueva ortodoxia organizacional para el logro de los objetivos, transitando para ello hacia procesos de cambio y transformación.

Hablando en plata, se trata de sacudir los cimientos de la entidad para definir cuál es el mejor proceso para situar al club donde un nuevo liderazgo, con un nuevo plan estratégico asociado, estipule. A este antídoto contra la entropía se le llama neguentropía, y que viene a surgir a partir de la necesidad del sistema de abrirse y reabastecerse de energía e información (que ha perdido debido a la ejecución de sus procesos) que le permitan devolverlo a su habitual estado, y hacerlo crecer.

Pero sobre la neguentropia en rojo y blanco hablaremos largo y tendido en los próximos tiempos. No tengan duda.

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