PIB vasco: una evolución que requiere explicación (Un artículo de Pedro Luis Uriarte)

Un artículo de Pedro Luis Uriarte para ORAIN
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La pasada semana el Círculo de Empresarios de Madrid publicó un interesante trabajo titulado “Informe CCAA con más peso en el PIB”. Recoge la evolución en distintos campos, en los últimos 20 años, de las cinco Comunidades Autónomas de mayor peso económico: Madrid, Catalunya, Andalucía, Comunidad Valenciana y Euskadi. El documento tenía mucho interés y por ello ha sido recogido por bastantes medios, desde distintos enfoques.

Ayer por ejemplo, Ana Barandiarán publicaba un interesante artículo en El Correo titulado “¿Por qué Euskadi pierde peso en España?”, en el que, junto a otros cuatro expertos incluía algunas manifestaciones mías. Hoy Deia publica otro artículo sobre el tema. Lo firma Adrián Legasa bajo el título “Euskadi es el territorio que menos peso industrial pierde en los últimos 20 años”.

Al tratarse de un tema interesante desde la perspectiva del Concierto, voy a tratar de ofrecerte mi visión sobre un aspecto importante que recoge el mencionado informe y el artículo de Ana Barandiarán: la pérdida de peso de la economía vasca sobre la estatal. El citado documento la cifra en un -0,5% sobre el total estatal, en las últimas dos décadas, lo que representa 5.378 millones de menos PIB vasco, con un impacto bruto sobre la recaudación vasca de unos mil millones de euros. Es cierto que el País Vasco, como no me he cansado de repetir desde la publicación de mi libro “El Concierto Económico vasco: una visión personal”, en noviembre de 2015, ha perdido peso en relación con España.

El análisis que yo hacía en el libro, y que he expuesto también en distintas intervenciones, se remontaba a 1980, en que cerramos la negociación del Concierto, y la conclusión es la misma que la del trabajo del Círculo de Empresarios: desde entonces la participación vasca sobre el PIB estatal se ha reducido en 1,46 puntos. En mi obra, trataba de valorar las consecuencias que esto ha tenido para la recaudación, cuestión crítica, porque en Euskadi hay una correlación directa entre crecimiento económico y recaudación, precisamente por la metodología de cálculo del Cupo. En otras palabras, el hecho de que no crezca la economía de una de las 15 Comunidades de Régimen Común no afecta directamente a los recursos de que dispondrá para el desarrollo de sus competencias, porque se los facilita la Hacienda Española, a través del mecanismo estatal de financiación, que no incorpora esa variable.

En cambio, en el caso del Concierto y el Convenio, se asume un riesgo unilateral doble: por un lado, el Estado no cubre las insuficiencias de recaudación y, por otro, éstas repercuten directamente sobre los recursos disponibles para desarrollar las competencias de las instituciones de las dos Comunidades con Concierto/Convenio.

¿Cómo puede entenderse este fenómeno sí el trabajo institucional vasco ha sido valioso y también el privado? Por siete factores que deben ser muy tenidos en cuenta para valorarlo:

Primero, el impacto de la reconversión industrial que fue mucho más dura en el País Vasco, con la desaparición de miles de empresas, muchas de ellas punteras en su tiempo. En la margen izquierda de la Ría del Nervión se destruyeron 40.000 empleos. En 1995, Euskadi era la tercera Comunidad Autónoma, tras Andalucía y Extremadura (¿Sorprendid@?).

Segundo, el menor crecimiento de la población, cuestión social importante, pero también económica: más o menos un tercio del crecimiento del PIB de un país está correlacionado con el crecimiento de su población. Porque a medida que ésta crece se consume más, se invierte más o se ahorra más que en caso contrario. Y eso se traduce en más PIB. Es una de las razones por las que los países emergentes recen más que los desarrollados.

Tercero, el crecimiento del sector servicios, especialmente el relacionado con el subsector del turismo, ha sido menos importante en el País Vasco que en otras zonas de España (que han pagado el “peaje” de empleos de baja cualificación y excesiva temporalidad creados en el Estado y en menor medida en Euskadi).

Cuarto, lo mismo se puede decir de un sector de síntesis, el de la construcción, que en el último ciclo de la economía española ha crecido a tasas exuberantes, y por lo tanto, lo ha hecho el PIB, pero con los problemas colaterales que luego ha originado esa expansión desbocada. Por recordar algunos: crisis financiera, impacto medioambiental, crecimiento de la corrupción y economía sumergida, destrucción masiva de empleo, etc. males, todos ellos, que no han padecido tanto Euskadi y que, por tanto, han equilibrado de largo el menor crecimiento del PIB vasco.

Quinto, las consecuencias directas e indirectas de la actividad criminal de ETA, durante décadas, sin duda han sido muy negativas. ETA ha sido no solo un cáncer moral, social y político para Euskadi, sino también una enorme desventaja competitiva. Uno de los objetivos que perseguía ETA, para poder impulsar su revolución y alcanzar sus objetivos políticos, era conseguir el adecuado “caldo de cultivo”, en forma de un bajo crecimiento de la economía y un menor desarrollo de la vía autonómica, de forma que ello originase un mayor paro y, por lo tanto, una mayor insatisfacción personal. Para conseguirlo presionó tremendamente a determinados colectivos y muy específicamente al empresariado. Estarás de acuerdo conmigo en que el asesinato, el secuestro, el tiro en la rodilla, las amenazas, el “impuesto revolucionario”, los sabotajes, etc. hacen muy difícil, heroica, cualquier decisión de inversión. Como consecuencia, Euskadi todos estos años, en los que ha sufrido dos crisis del petróleo y varias recesiones, ha tenido que realizar su particular ascensión al “Everest económico” cargado con una pesadísima mochila de piedras. Por fortuna, la sociedad vasca ha demostrado una singular y muy valiosa capacidad de sufrimiento y resistencia, porque ETA no ha logrado sus objetivos y hoy es muy próspera… aunque menos que si no se hubiera padecido su inútil terrorismo.

En sexto lugar, Euskadi ha padecido otras desventajas competitivas desde la época de la Transición, lo cual hace todavía más meritoria su buena situación actual. Entonces se encontraba en una situación crítica (política, social y económica), tras haber sufrido el durísimo impacto de la primera crisis del petróleo y las tensiones de la salida de la dictadura franquista, hasta el asentamiento del nuevo escenario democrático. Esas desventajas competitivas se visualizaban, en primer lugar, en forma de déficits clamorosos de infraestructuras (que todavía padecemos, como lo demuestra que, 24 años después de la inauguración de la línea Madrid-Sevilla, aquí no existe un kilómetro de AVE y que tenemos unos aeropuertos con conexiones muy limitadas y excesivamente caras, etc.). A ello se unían otros negativos factores: escasez de terreno para desarrollar nuevas actividades, los altos costos salariales en términos comparativos (también consecuencia de un factor positivo que es el de la mayor cualificación de la mano de obra), la mayor presión sindical, muy aguda durante determinadas épocas, etc.

En séptimo lugar, otro factor que ha pasado factura ha sido la sensible pérdida de centros de decisión, algunos de enorme relevancia, que ha padecido el País Vasco (pon tú los nombres) y que le ha hecho perder miles de empleos de alta cualificación, (con el correspondiente impacto en el consumo, la inversión e indirectamente en la propia recaudación).

Estos siete hechos explican por qué las comparaciones con Madrid son claramente negativas para Euskadi. Ello no es fruto de la casualidad. A los indudables méritos de esa Comunidad Autónoma, hay que añadir otros factores que la han potenciado. Es evidente que, por parte del Estado, y por razones políticas, se ha primado fuertemente a esta Comunidad Autónoma y, muy específicamente a la capital de España, eliminando o reduciendo muchas de las desventajas competitivas que te comentaba anteriormente para Euskadi.

Esa política ha sido absolutamente evidente en las inversiones en infraestructuras. La prueba más evidente está en la fórmula de desarrollo del tren de alta velocidad (Madrid es la única población española que está conectada con la totalidad del territorio por una red de alta velocidad). Pero también se observa en las inversiones realizadas en su aeropuerto (recuerda la inversión gigantesca que se hizo para el desarrollo de la T4) y en carreteras (con el desarrollo de las autopistas radiales, absolutamente innecesarias, como lo demuestra el hecho de que ahora hayan entrado en quiebra o en concurso), etc.

Que la inversión masiva en infraestructuras genera empleo y PIB y potencia el crecimiento de toda economía es evidente. Para confirmarlo tienes el ejemplo de China. Y, oh milagro, hasta el Presidente de la Comisión Europea ha insistido, hace cinco días, en que hay que impulsar un plan de inversiones de 630.000 millones de euros para que crezca la famélica economía de la Unión y, con ello, el empleo.

A lo anterior se ha unido un hecho evidente: a medida que se ha ido consolidando una mayor descentralización política en el Estado, se ha producido, en paralelo, una creciente centralización económica, financiera, empresarial, cultural, mediática y así un largo etcétera. Madrid es hoy una auténtica “aspiradora nacional” donde confluye todo y todos. Mira por donde se ha hecho realidad el dicho popular: ¡De Madrid, al cielo!

En mi modesta opinión, la situación es ya agobiante y tendrá (ya está teniendo) consecuencias muy negativas para el futuro de España. Pero esa es otra historia en la que (hoy) no me voy a extender. Debe quedarte claro que no todo lo que dice el documento del Círculo de Empresarios sobre Euskadi en negativo. El paro es bajo, la deuda pública contenida, el PIB per cápita muy alto, todo en ello en términos comparativos con las otras 4 Comunidades analizadas. Además, el hecho de contar con un mayor peso de la industria sobre el PIB resulta muy positivo para Euskadi y hay que apostar por esa vía. Pero se debe matizar esa referencia “bruta”, con los aspectos que he tocado en mis tweets anteriores.

Que potenciar la industria es positivo lo corroboran los objetivos estratégicos para el futuro enunciados por la Unión Europea y los propios planteamientos para España enunciados por algunas de sus mentes más lúcidas. Pero también es cierto que no lo es todo. Lo demuestra que, en el “paraíso de Madrid”, el sector secundario sólo pesa el 9,7% vs. más del 24% en Euskadi. En cambio Euskadi sufre un grave problema que pasa sorprendentemente desapercibido: el menor crecimiento de la población en el País Vasco en comparación con la del Estado. Por de pronto, tiene un impacto directo en el crecimiento del PIB como antes te he comentado.

Sin embargo, tiene un aspecto positivo: cuando se hacen las comparaciones en términos “per cápita”, favorecen al País Vasco. Es obvio que al disminuir fuertemente el divisor (la población), aunque el denominador sea menor (por ejemplo, el PIB) el resultado es mayor. Este efecto, que podríamos denominar “enmascarador” favorece que el País Vasco tenga tan buenas referencias en comparación con la Unión Europea y sobre todo con España y con la mayor parte de las Comunidades Autónomas (excepto Madrid) en términos de PIB “per cápita”. En cambio, en términos de volumen, como recogía en mi obra citada anteriormente y plantea el estudio realizado por el Círculo de Empresarios, las comparaciones no son tan positivas para Euskadi, por las siete razones que antes te apuntaba.

Te quiero dejar muy claro que lo que acabo de comentar no hace desmerecer la trayectoria vasca. Porque las comparaciones per cápita siguen siendo también favorables para Euskadi en variables negativas. Por citar solo un par de ellas, el fracaso escolar o el número de delitos “per cápita” es mucho menor que en España.

Otra referencia para valorar el impacto de la variable poblacional, es que resulta evidente que la productividad vasca por persona empleada, es muy superior a la española. Y esto es especialmente positivo. La productividad alta es garantía de un mejor futuro. Aquí juega a favor la aportación de la industria (se produce mucho más valor con menos personas) y el hecho de que el peso económico que tienen determinadas actividades de baja productividad (construcción y turismo fundamentalmente) sea mucho menor en Euskadi que en España. Resumiendo, el menor crecimiento de la población es positivo en estos momentos para favorecer todas las comparaciones en términos “per cápita”, y muy en especial la productividad de nuestra economía. Sin embargo, como sabes también muy bien, el nulo crecimiento poblacional es uno de los problemas más graves que va a tener que afrontar Euskadi en su futuro.

En estos momentos representa quizá el riesgo potencial más grave que tiene sobre la mesa nuestro País, a largo plazo. Cuestión compleja, a tener muy en cuenta, y de cuya acertada resolución va a depender el futuro social y económico vasco. Por esta razón, y por otras que no puedo desarrollar hoy, vengo insistiendo desde hace mucho tiempo en que Euskadi tiene que afrontar imperativamente un proceso de profunda transformación para garantizar su futuro. Esa transformación debe traducirse en crecimiento, y una vez más, por los principios en los que se asienta el Concierto, en recaudación. Solo así podrá garantizarse el nivel elevado de prestaciones sociales (educación, sanidad, servicios sociales, etc.) que merece una población vasca con una edad media cada vez más alta y necesidades crecientes

Como resumen, Euskadi tiene una economía de país muy desarrollado: renta más alta que la UE, alta productividad, poco crecimiento de población, mucha industria, creciente I+D, etc. Pero a nuestra Euskadi su singular modelo de Concierto le obliga a hacer el máximo esfuerzo para crecer más que la UE (lo cual ya está logrando) y que España, para así recaudar y prestar a sus habitantes más y mejores servicios públicos: los que he citado, pero también infraestructura, I+D+i, seguridad, etc.

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